El camino empezó a andarse un 12 de febrero del año 2001. En aquel entonces contaban fundamentalmente con tres ingredientes: las ganas, el espíritu de aventura y los básicos conocimientos gastronómicos adquiridos en una etapa anterior. Sin embargo, el ingrediente perfecto, el incondicional, el que nunca puede faltar ni del que pudieron prescindir fue la ilusión de ver nacer el proyecto que tan ansiadamente habían construido.

De la incertidumbre de los primeros tiempos pasaron al reconocimiento gracias a su inagotable esfuerzo por superarse, su buena cocina, su variada selección de vinos y su gran calidad humana.

Ellos apostaron por el trato afable, la proximidad familiar y el ambiente acogedor, características que se convirtieron y siguen siendo sólidos pilares sobre los que se asientan el éxito y triunfo de la gran aceptación que han obtenido prácticamente desde la apertura de sus puertas. No obstante, hay otro factor que jugó un papel en igualdad de importancia y fue la calidad en todos los productos y su cuidada elaboración. El mérito residió indiscutiblemente en el paso de la creación de una carta sencilla y discreta a una amplia gama de platos tradicionales e innovadores al mismo tiempo, nacidos de la suma de la austera sabiduría popular y la buena disposición a la introducción del nuevo arte culinario.

Y no es de extrañar el acierto en estos quehaceres, pues ya Cervantes en su magna obra relataba con sapiencia en relación a estos menesteres:

 

"Una olla de algo más vaca que cordero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres partes de su hacienda..." .